La virgen de Juquila.

La entonces intendencia de Oaxaca había logrado en dos siglo y medio asentar el catolicismo dentro de las creencias de los indígenas zapotecos, mixtecos y los demás pueblos indígenas gracias al trabajo de la orden de los dominicos, pero hacía falta el consolidar en el territorio un culto local como parte del proceso de secularización de la iglesia. Seria en la segunda mitad del siglo XVIII cuando se corre la noticia de la aparición de una imagen en una comunidad de la costa del Mar del Sur, que según los estudios realizados a la escultura por parte del INAH en 1989 se trata de una figura elaborada en el siglo XVI y según la tradición perteneció a fray Juan de Santa Catarina, evangelizador de la zona mixteca quien da la imagen a su catequista indio a manera de pago, originario del pueblo de Amialtepec perteneciente a la doctrina de Santa Catarina Juquila. Todo indica que la imagen no fue usada en el proceso de conversión de los indígenas, ya que los dominicos son opositores creencia de la Inmaculada Concepción de la virgen y negaron el uso de las imágenes religiosas para la doctrina de los indígenas.

Cuenta la tradición que la familia del indígena dona la imagen a la capilla de Amialtepec hasta el siglo XVII, pero debido a un debido a un incendio hecho para preparar la tierra se sale de control y alcanza a la imagen, sobreviviendo y quedando solamente ennegrecida por el humo y esto hizo que fuese objeto de culto. Al enterarse de las noticias, el párroco de Juquila ordena su traslado a su iglesia en 1633 al considerar que su culto tendría una mayor dignidad en ella, pero es ahí donde ocurre el segundo portento al desaparecer tres veces del altar de San Nicolas Tolentino para aparecer en todas ellas en la capilla de Amialtepec, pero finalmente pudo ser trasladada a Juquila hacia 1719 sin volver a desaparecer y colocándose en la capilla de Santa Catarina Mártir.

Históricamente, Juquila fue una importante población de la Mixteca de la Costa, pero que en su momento había quedado subordinada al reino de Tututepec, este orden político de la región fue continuado por los españoles manteniendo estas relaciones, pero en el siglo XVII empieza el proceso de secularización al erigir la provincia de Xicayan, provocando con el paso de las décadas su separación de Tututepec para convertirse en un curato independiente en 1742. El que fue el principal promotor del culto mariano seria monseñor Gregorio Alonso de Ortigosa, originario de Logroño de familia noble llega a Oaxaca hacia 1775 para tomar posesión del puesto de obispo de Antequera de Oaxaca siendo designado por el rey Carlos III, viendo con atención los beneficios que traía el santuario monasterio agustino de Nuestra Señora de la Soledad, siendo uno de los portadores de la implementación de las reformas borbónicas donde se esperaba llevar a cabo la secularización de los reinos de Indias suprimiendo la estructura barroca basada en las actividades de las cofradías y sus fiestas religiosas.

Fue así que el trabajo del obispo Ortigosa consistió en empoderara las parroquias y curatos dentro de las sociedades indígenas, las cuales eran mayoría en la provincia y encontraron la persistencia de los cultos sincréticos para adorando todavía a sus antiguos dioses, además de tener que subsanar el hueco dejado por la expulsión de los jesuitas. Para la reestructuración contaron con el apoyo de los dominicos manteniendo buenas relaciones, sobre todo tenía como base para implementar las reformas dos cultos fundamentales, el de Nuestra Señora de Juquila y el Cristo de Otatitlán en la zona mazateca (actualmente Veracruz), por lo que era fundamental promover su devoción con los indígenas para ir quitando la religiosidad barroca. Con el caso de Juquila, contaría con el respaldo del doctor Andrés Mariano de Quintana quien era vecino de Amialtepec y era un asiduo benefactor de los indígenas, siendo tomado en cuenta para la fundación de la nueva Archicofradía con el fin de construir un santuario que serviría para articular los Valles Centrales con la costa oaxaqueña. Pensando en estas nuevas necesidades, se propuso mover la sede del santuario para emplazarlo en un punto mucho más cercano a la capital siendo considerada la villa de Juchatenango, pero pronto las familias tanto de Juquila como de Amialtepec se negaron ante tal idea y propusieron la remodelación del templo.

Esto provocaría un pleito entre el clero para ver si se debía mover o no a la imagen, quedándose pausada debido a la muerte de uno de los instigadores y haciendo que el obispo Ortigosa se decidiese a visitar el templo en 1781, momento que según las crónicas fue motivo de júbilo por parte de los indígenas. Al comprobar la importancia como culto regional, Ortigosa se convence de la necesidad de construirle una iglesia de acuerdo a su categoría, iniciando con quitarle a la imagen de algunos elementos que podían remitir a ciertos cultos sincréticos, instruyendo a los sacerdotes para que educasen a los indígenas sobre las maneras de realizar el culto y de paso le encarga a la Cofradía de la Pura Concepción a contribuir con la recolección de limosnas e indulgencias para financiar las obras del templo, misión que cumplen sin problema y para reforzar el culto se fabrican dos copias para su culto en Zaachila y en el templo de San Felipe Neri.

Parte de la propaganda consistió en la divulgación de textos donde se informaba de su culto, naciendo las “Memorias de la Portentosa imagen de Nuestra Señora de Juquila” en 1791, distribuyéndose tanto en Oaxaca como en las poblaciones de los alrededores y también en la costa, texto acompañado de oraciones para invocar su protección junto con grabados de su imagen. Ortigosa no lograría ver terminado el nuevo templo por su muerte, tocándole a su sucesor Gregorio José de Omaña y Sotomayor quien asume el poder en 1793 con el encargo de terminar el santuario el 8 de diciembre de 1784, convirtiéndose en un culto muy popular al ser considerado el tercero de importancia y cuya fama rebasa de Oaxaca y su costa al tener varios seguidores como en la Costa Chica de Guerrero, así como en diferentes lugares del país.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Mario Carlos Sarmiento Zúñiga. Un portentoso milagro en épocas de reforma. La imagen de la Inmaculada Concepción de Juquila en la configuración de una devoción secular, de la revista Estudios de Historia Novohispana no. 56

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